Diversos trabajos científicos relacionan la falta de ácidos grasos omega 3 y la depresión. Se observó que una dieta con aportes insuficientes de omega 3 puede afectar la composición química de las membranas de las células cerebrales, interfiriendo en el intercambio de señales entre ellas. En otras palabras, a menor consumo de pescado aumenta el riesgo de depresión.
Otros estudios indicaron que las personas con elevados niveles de colesterol total, o bajos niveles de HDL (colesterol bueno), tienen niveles menores de ácidos grasos poliinsaturados y en consecuencia también una disminución de ácidos grasos omega, relacionados con la depresión.
En personas que padecían esquizofrenia se sugirió que existe una correlación entre la cantidad de ácidos grasos omega 6 y omega 3 de la membrana celular y la intensidad de los síntomas negativos.
Son significativos los hallazgos sobre el valor terapéutico de incluir estos componentes como complemento en la dieta de los pacientes con trastornos bipolares, como estabilizadores del ánimo. Se realizaron estudios durante seis meses con una muestra de pacientes, de los cuales sólo dos recayeron, el 13%, comparados con el 52% de los tratados sin complementos. Las dosis de aceite de pescado o aceite de lino que recibieron los pacientes fue de 5 a 10 gramos diarios, ingeridos en dos tomas separadas.
El mismo grupo investigador utilizó los omega 3 en personas con trastorno bipolar inestables, como complemento dietario asociado con carbamazepina, gabapentin, litio, divalproato de sodio, diferentes benzodiazepinas y antidepresivos. Los resultados positivos fueron significativos durante períodos más largos, sin mostrar remisiones. Las principales fuentes de estos ácidos grasos son salmón, pescado azul (bluefish), arenques, caballa, vegetales verdes, nueces y semillas de lino.
Esta línea de investigación merece ser tenida en cuenta por sus aplicaciones en la clínica psiquiátrica.
Fuente: Nuevos aportes latinoamericanos en psiquiatría biológica, Dr. Eduardo Kalina.