Claro que no todas las grandes expectativas llevan a desilusiones, pero cuando esperamos mucho de una cosa, persona o incluso de uno mismo, aumenta la probabilidad de sentir cierta frustración si las expectativas no se ven cumplidas.
Sin embargo, en ese momento sería importante:
- Detenerse a pensar ¿qué esperaba de esto?, ¿cuánto hice para alcanzar mis objetivos?, ¿eran reales mis expectativas?. Quizá este “inventario” le ayude a reconocer que sus exigencias eran demasiado elevadas.
- Tener en cuenta que la vida misma exige constantes adaptaciones.
- Aprender de las situaciones vividas, porque incorporar la experiencia ayuda a generar expectativas más reales.Para lograrlo, es preciso descubrir qué somos capaces de lograr o hacer en forma concreta, lo cual puede ser diferente a lo que esperamos alcanzar o lo que deseamos cumplir, y cuánto trabajo estamos dispuestos a dedicar a dicho fin.
Por último tenga siempre presente aquello de “un camino de mil kilómetros comienza con un solo paso”. Sin dudas, todos somos capaces de hacer GRANDES cosas, y comenzando de a poco podemos alcanzar pequeños -e importantes- triunfos.
Existen tres tipos de expectativas, ¿conoce las suyas?
- Las propias. Muchas personas suelen esperar demasiado de sí mismas, y cuando esas expectativas no se cumplen, son más críticas de lo que serían en la misma situación con otras personas. Esto puede darse cuando no se reconocen las propias limitaciones y se crean expectativas irreales.
- Las ajenas. Si suele esperar mucho de quienes lo rodean puede suceder algo similar. En este caso, puede sentir “me fallaron”. Algunos padres esperan mucho de sus hijos; otros le exigen demasiado a sus compañeros, familia, amigos... Con esta actitud se puede abrumar al otro pretendiendo que responda a expectativas que en realidad no les pertenecen.
- Las que se depositan en las cosas: ¿El dinero hace la felicidad? ¿Una buena posición, una casa, un auto? Pareciera que el mayor problema es la falta de dinero. Sin embargo, aunque es cierto que las posesiones materiales brindan cierta “tranquilidad”, ellas en sí mismas NO garantizan la dicha.