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| VIDA
COTIDIANA |
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¡No se le pega a un maestro!
Nota
publicada en el diario La Nación el
viernes 6 de abril a raíz
de la muerte del docente neuquino Carlos Fuentealba,
motivo del paro nacional del gremio de
maestros el lunes 9.
Por Mex Urtizberea
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Lo sabe un chico de cuatro años, de
salita celeste, que ni siquiera sabe
hablar correctamente.
Lo sabe un chico de seis años, que ni
siquiera sabe escribir.
Lo sabe un chico de doce años, que
desconoce todas las materias que le
deparará el secundario.
Lo sabe un adolescente de diecisiete
años, aunque sea la edad de las
confusiones, la edad en la que nada se
sabe con certeza.
Lo saben sus padres.
Lo saben sus abuelos.
Lo sabe el tutor o encargado.
Lo saben los que no tienen estudios
completos.
Lo sabe el repetidor.
Lo sabe el de mala conducta.
Lo sabe el que falta siempre.
Lo sabe el rateado.
Lo sabe el bochado.
Lo sabe hasta un analfabeto.
No se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Lo sabe un chico de cuatro años, de
seis, de doce, de diecisiete, lo saben
los repetidores, los de mala conducta,
los analfabetos, los bochados, sus
padres, sus abuelos, cualquiera lo sabe,
pero no lo saben algunos gobernadores.
Son unos burros.
No saben lo más primario.
Lo que saben es matar a un maestro.
Lo que saben es tirarles granadas de gas
lacrimógeno.
Lo que saben es golpearlos con un palo.
Lo que saben es dispararles balas de
goma.
A los maestros.
A maestros.
Lo que no saben es que se puede discutir
con un maestro.
Lo que no saben es que se puede estar en
desacuerdo con lo que el maestro dice o
hace.
Lo que no saben es que un maestro puede
tener razón o no tenerla.
Pero no se le puede pegar a un maestro.
No se le pega a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Y no lo saben porque son unos burros.
Y si no lo saben que lo aprendan.
Y si les cuesta aprenderlo que lo
aprendan igual.
Y si no lo quieren aprender por las
buenas, que lo aprendan por las malas.
Que se vuelvan a sus casas y escriban
mil veces en sus cuadernos lo que todo
el mundo sabe menos ellos, que lo
repitan como loros hasta que se les
grabe, se les fije en la cabeza, lo
reciten de memoria y no se lo olviden
por el resto de su vida; ellos y los que
los sucedan, ellos y los demás
gobernadores, los de ahora, los del año
próximo y los sucesores de los
sucesores, que aprendan lo que saben los
chicos de cuatro años, de seis, de doce,
los adolescentes de diecisiete, los
rateados, los bochados, los analfabetos,
los repetidores, los padres, los
abuelos, los tutores o encargados, con o
sin estudios completos:
Que no se le pega a un maestro.
No se le puede pegar a un maestro.
No debo pegarle a un maestro.
A los maestros no se les pega.
Sepan, conozcan, interpreten, subrayen,
comprendan, resalten, razonen,
interioricen, incorporen, adquieran,
retengan este concepto, aunque les
cueste porque siempre están distraídos,
presten atención y métanselo en la
cabeza: los maestros son sagrados. |
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