Un nuevo sitio te esta esperando

InicioContactoRegistraciónInstitucional
CV
Hágale su consulta al Dr. Cormillot
  ADELGAZAR HOY
  NUTRICIÓN
  ALIMENTOS
  ACTIVIDAD FÍSICA
  PLANES
  ALIMENTARIOS
  COCINA
  CONSEJOS del
  Dr. CORMILLOT
  DIABETES
  DESÓRDENES
  ALIMENTARIOS
  LEY DE OBESIDAD
  CIRUGÍA de la
  OBESIDAD
  CIRUGÍA estética
  y belleza
  MEDICAMENTOS
  para adelgazar
  y otros
  ADICCIONES
  SALUD y
  ENFERMEDADES
  EDADES y ETAPAS
  de la VIDA
  MEDITACIÓN
  SEXUALIDAD
  AUTOAYUDA
  TESTS
  VIDA COTIDIANA
  DISCRIMINACION
  LINKS de INTERES


IAANAlcoVisite el nuevo sitio DietaClub.comClínicaCinasVisite el nuevo sitio de Alimentos Cormillot
VIDA COTIDIANA
Ignacio Pirovano

Notable cirujano argentino, prestó servicios en las epidemia de cólera y de fiebre amarilla. Sobresaliente profesor de histología, fue el primero en usar el microscopio en el país. Está considerado el padre de la cirugía argentina. 

 

Ignacio Pirovano nació en Buenos Aires el 22 de agosto de 1844 y murió el 2 de julio de 1895.

Se graduó en farmacia y luego se recibió de médico a los 28 años. De escasos recursos económicos, antes de recibirse trabajó en una farmacia, y como farmacéutico en el Hospital General de Hombres. 

Su tesis inicial, titulada Herniotomía, sobre la extirpación de hernias, representó un verdadero adelanto sobre los métodos de la época. 

Habiendo obtenido ya un principio de reconocimiento y prestigio como cirujano, partió a París adonde conoció y frecuentó en sus lugares de trabajo a Claude Bérnard y a Louis Pasteur, y conoció a Lister, uno de los principales impulsores de las modernas medidas de asepsia para las salas y prácticas quirúrgicas. Este contacto con Lister le daría a Pirovano los fundamentos de los métodos antisépticos que introduciría en el país. 

Tras su viaje de estudios -experiencia que luego se hizo habitual entre los graduados argentinos-, regresó a Buenos Aires con el título de Doctor de la Facultad de Medicina de París. Inmediatamente fue nombrado titular de la cátedra de Histología y Anatomía Patológica, no sin antes exigir que se le dotara de un laboratorio adecuado, incluyendo un microscopio, a fin de impartir una enseñanza práctica, "ya que lo contrario sería ofender a la ciencia". 

En 1879 pasó a ocupar el profesorado de Medicina Operatoria hasta 1882, en que ocupó la cátedra de Clínica Quirúrgica. Fue, además, practicante del Dr. Francisco Muñiz en la guerra contra el Paraguay (1865) y en las epidemias de cólera de 1867 y de fiebre amarilla de 1871.

Si Manuel A. Montes de Oca había introducido, sin mucha convicción, la antisepsia, Pirovano fue quien perfeccionó su aplicación, la extendió al medio hospitalario y la defendió a pesar de los resultados que muchas veces distaban de lo ideal. ¿En qué consistía este método antiséptico? Los ambientes se preparaban con pulverizadores o vaporizadores de ácido fénico, el instrumental se sumergía en recipientes con igual solución y las manos de los cirujanos y las heridas operatorias se irrigaban permanentemente con solución fenicada. Las operaciones se realizaban sobre una mesa generalmente de pino, preparada especialmente en los casos extrahospitalarios, recubierta de un colchón y un impermeable, y el campo operatorio se limitaba con una sábana de goma con una ventana ovalada del tamaño adecuado en el centro.

Pirovano impuso como primer anestesista de la ciudad a Leonardo González Garaño en un momento en que era frecuente que la anestesia general la diera, sin mayor conocimiento, el clínico del enfermo.

En 1875 comenzó el apogeo de Pirovano, cuyas condiciones de conductor eran indiscutibles: a los 31 años se había adueñado del cetro de la cirugía de Buenos Aires; su opinión era un dictamen. Su técnica depurada se basaba en los profundos conocimientos de la anatomía que poseía. Siempre se destacó por su serenidad en el quirófano. Después de un completo examen del enfermo no arriesgaba un diagnóstico sin estar convencido de su exactitud, y no operaba si no estaba seguro de su éxito. Sin duda sabía cuándo no debía operar, conocía los riesgos propios de la época: pesaba muy bien los beneficios y el posible daño; no fue muy intervencionista y buscaba siempre la seguridad del enfermo. Que el operado evolucionara bien en la mayoría de los casos, contribuyó a aumentar la confianza en la cirugía en todo el país.

Considerado por muchos el padre de la cirugía argentina, Pirovano murió el 2 de julio de 1895, a los cincuenta años de edad. Mucho tiempo después, la Municipalidad de Buenos Aires le puso su nombre al hospital situado en el barrio de Coghlan.

Fuente: www.educ.ar.

<<Regresar al menú de Vida cotidiana>>