Llora,
llora, bandoneón... Infaltable en el
tango y en buena parte del folklore
argentino, este instrumento musical parecido al acordeón
consta de un fuelle y lengüetas libres.
Su versión
original habría sido inventada
por los chinos. Se sabe que el francés Gabriel-Joseph Grenié,
contemporáneo de Mozart, construyó un instrumento que podía graduar su potencia sonora y fue modelo del
armonio, que un alemán, Hermann Ulgh,
lo transformó en portátil. Era el actual bandoneón,
con fecha de nacimiento en 1835.
Décadas después, un fabricante
vendió esos aparatos con la marca A.A.
Más tarde, Vertagh Heinrich Band los armó en su taller,
Band Union, dando origen a nombres
sucesivos: bandunion, bandonion, bandoneón. Uno de ellos llegó a Buenos Aires hacia
1862: el suizo Shumacher animaba con
él los descansos de la tropa durante la Guerra de la Triple
Alianza. Posteriormente nació la danza y música que lo hizo famoso, el
tango.
Su forma es cuadrada y su tamaño mayor que el de la concertina, participando más de las características de ésta que de las del acordeón. En lugar de teclado utiliza botones, 38 para el registro agudo y medio y 33 para el grave. Cada botón emite un sonido, de forma que para producir un acorde se deben pulsar varios a la vez. Su sonido es limpio y de una gran extensión, lo que
lo ha convertido en un instrumento solista muy apreciado por las
orquestas de tango.
|