Ahora,
el estilo de vida de las familias
norteamericanas –caracterizado por
las comidas rápidas– está alcanzando a los
osos. Un estudio de Sierra Nevada
determinó que los osos negros que
viven alrededor de los pueblos y las
ciudades son menos activos que los que
habitan en zonas no pobladas, pues
pasan menos tiempo buscando alimentos
y en sus cuevas invernales.
Por ese
motivo, estos y otros cambios de
conducta los están volviendo más
pesados. El culpable, según la
Sociedad de Conservación de Vida
Silvestre, es la basura que se
encuentra en los restaurantes de
comidas rápidas y en los barrios
residenciales, ya que estos osos
abandonan sus tierras para patrullar
los patios y los estacionamientos en
busca de comida. La basura,
probablemente, es la última fuente
alimentaria de los osos, pero está
disponible durante todo el año, en el
mismo lugar, semana tras semana.
Esto
es evidente en zonas donde el
crecimiento urbano es más rápido.
Los investigadores, asociados con la
Universidad de Nevada en Reno,
pusieron collares con radios de a 59
osos y los siguieran semana tras
semana. Descubrieron que se dividían
en dos grupos, uno que pasaba la mayor
parte de su tiempo en zonas más
salvajes y el otro grupo era el de los
osos de ciudad, que vivían en zonas
residenciales, bajo las mismas narices
de la gente. El seguimiento de los
osos urbanos, de estacionamiento en
estacionamiento, durante las noches
mientras pescaban su cena en las latas
de basura, demostró que invertían
sólo 8.5 horas en esta actividad.
Mientras
tanto, sus pares que vagaban en
tierras deshabitadas, invertían 13
horas en la búsqueda de plantas,
frutos o presas salvajes ocasionales.
Los osos urbanos, con su conducta de
búsqueda nocturna, presumiblemente
para evitar la gente, descansaban
durante el día, lo opuesto a la
conducta normal de estos animales. Es
que un oso negro que se prepara para
el invierno es un glotón: consume
alrededor de 20 mil calorías diarias.
Debido a la provisión de basura, que
no disminuye durante el invierno, los
investigadores descubrieron además
que los osos urbanos pasaban, en
promedio, 42 días menos en sus
refugios de invierno. Algunos,
directamente, ni siquiera se
refugiaban. Un oso negro adulto normal
pesa, en promedio, unos 150
kilos.
Uno de
cada cuatro machos pesaba más de 200
kilos (y algunos hasta 300), o sea, el
doble de tamaño del oso que vive en
zonas deshabitadas. Sin embargo, hasta
donde se sabe por ahora, el peso no
hace a los osos menos atractivos o
menos saludables. El problema es que
el consumo de comida rápida acerca a
los osos al contacto humano, y éstos,
invariablemente, pierden. También, el
caso es que muchos de ellos mueren en
accidentes automovilísticos.
En
este momento, Nevada sólo cuenta con
300 osos negros y está perdiendo 10
por año debido a los accidentes. Las
tasas de mortalidad son más altas que
las de reproducción, lo que podría
eliminar la población de osos negros
en pocos años. Una solución, según
los investigadores, sería alentar a
las empresas de comidas y a los
dueños de casa a utilizar
contenedores de basura a prueba de
osos. En los lugares donde se
utilizan, los osos se marchan a otra
parte.