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VIDA COTIDIANA
Niños y mascotas: cómo convivir en armonía
Imagine por unos instantes que alguien se acerca a usted y le mete un dedo al ojo, después estira su piel como si fuera un chicle e introduce un dedo largo en los orificios de su nariz. ¡Esto y mucho más es lo que deben soportar los perros que caen en manos de ciertos niños! 

Los niños que crecen con un compañero canino mejoran su sentido de la responsabilidad a la vez que desarrollan un carácter más abierto y receptivo. Una preciosa afirmación que no siempre resulta igualmente satisfactoria para los perros. Con mas frecuencia de la debida, éstos son objetos de bromas pesadas y sufren las ocurrencias de los bajitos que les han tocado como dueños.

La solución pasa por corregir el error y explicar al pequeño que a nadie le gusta que lo maltraten. Para que el niño entienda la gravedad del asunto, es útil que los padres le gasten una pequeña broma a su hijo, como un pellizco en el trasero cuando está desprevenido. Los padres deberán explicar la necesidad de un trato respetuoso y cariñoso.

Las orejas, el rabo y el hocico son las tres partes del cuerpo que más daños sufren por parte de los niños. Y si tenemos en cuenta que tanto el olfato como el oído son vitales para ellos, comprenderemos por qué les sienta tan mal que les echen aire sobre la nariz, les agarren el hocico, alarguen sus orejas y les metan pequeños objetos dentro del pabellón auditivo. Es necesario utilizar un tono de voz bajo cuando se habla con el perro, ya que su oído es muy sensible y si se acostumbra a los gritos, no servirá utilizar un tono de voz severo cuando haya que corregirle. 

En la primera época en que el niño y el perro inician su convivencia es preciso poner freno a actitudes superprotectoras. De otro modo suele suceder que el perro se interpone con gruñidos a la hora de reprender al niño por algo.
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