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Dietas,
vómitos o laxantes, y medicamentos
sin control médico. Así es como los
adolescentes que no están conformes
con su peso tratan de compensar la
insatisfacción que les produce la
imagen que perciben de sí. No saben
–ni nadie se lo dice, según afirman–
que así se exponen a los riesgos de
trastornos alimentarios como la
bulimia o la anorexia.
Un
trabajo realizado por dos psiquiatras
argentinos halló que casi el 50 por
ciento de los adolescentes porteños
opina que tiene kilos de más, en
contra de lo que señala la balanza.
Mientras que el peso ideal para los
varones está en promedio unos 800
gramos por debajo del peso real, esa
brecha que separa a las mujeres de la
conformidad alcanza a los 3 kilos.
"La
gran proporción de chicos
disconformes con su peso y el alto
porcentaje que realiza conductas
compensatorias inapropiadas para
adelgazar muestra un potencial peligro
de padecer trastornos alimentarios –señala
el doctor Eduardo Leiderman, autor del
estudio con el doctor Fabián Triskier
y miembro del Grupo Universitario de
Neuropsicofarmacología–. Que un
cinco
por ciento se haya provocado un
vómito alguna vez para adelgazar, me
parece sumamente alarmante y creo que
son datos lo suficientemente graves
como para tomar medidas preventivas
más eficaces." Los autores, cuyo
trabajo aparece en Vertex Revista
Argentina de Psiquiatría, encuestaron
a 380 alumnos, de 14 a 21 años, en
cinco colegios secundarios porteños:
el 49,6% (61,3% mujeres) dijo estar
disconforme con su peso, el 43%
aseguró haber hecho dieta alguna vez
(el 46%, cuatro veces o más) y el
23,5% admitió haber recurrido a
medidas extremas para adelgazar: el
66% hizo ejercicio físico en exceso,
el 21% se provocó vómitos o el 38%
tomó laxantes y el 19,5% ingirió
medicamentos sin control médico.
Estas
conductas, que esconden la necesidad
de "purgar" el cuerpo,
estaban acompañadas en el 34,5% de
los adolescentes por una gran cantidad
de rasgos obsesivo-compulsivos, más
en las chicas que en ellos. Preguntas
como "¿Evito tocar o usar
elementos que me puedan
contaminar?", "¿Soy muy
estricto para conmigo?" o
"¿Dudo mucho antes de decidir
cada cosa que debo hacer?",
recibieron un sí contundente de las
chicas a disgusto con su peso.
Esto,
que confirma una obsesión por la
contaminación, la conciencia crítica
y las dudas frecuentes, hizo deducir a
los autores que los adolescentes con
características obsesivo-compulsivas
son más propensos a estar
disconformes con su peso y a sufrir
trastornos alimentarios.
Al
comparar las respuestas entre chicas y
varones, los autores observaron no
sólo que ellas están menos conformes
con su peso, sino que también sienten
más culpa cuando comen de más,
adoptan más conductas purgativas para
adelgazar, tienen más rasgos
obsesivo-compulsivos y hacen más
dietas. Si bien el trabajo no permite
asegurar cuáles son los rasgos o las
actitudes de las mujeres que las hace
más propensas a padecer trastornos
alimentarios, el hecho de estar más
disconformes con su peso, ser más
culpógenas en relación a comer en
exceso, tener más conductas
compensatorias inapropiadas para
adelgazar y más rasgos
obsesivo-compulsivos son factores que
contribuyen a la mayor frecuencia de
esos trastornos en el sexo femenino,
según resume Leiderman, profesor de
Psiquiatría Biológica en la
Universidad de Palermo.
A
pesar de que el 81% de los encuestados
hizo dieta por motivos estéticos, el
83% opinó que el valor de una persona
no reside en su peso y el 27% que ser
delgado es una moda. "Podríamos
suponer que esta contradicción
refleja la dicotomía que existe entre
los valores ideales y los reales –comenta–.
También, que demuestra la influencia
de la cultura contemporánea y de la
moda sobre estos valores".
Mientras que 8 de cada 10 adolescentes
aseguró que los medios de
comunicación no los informa sobre los
trastornos alimentarios, el 92 por
ciento les atribuyó la
responsabilidad de influir en la
excesiva importancia social que se le
da a la imagen corporal.
En
este duelo del adolescente con su
imagen, ¿qué papel tienen los padres
y los amigos? Dijo Triskier: "La
influencia de los padres respecto a la
de los pares está siendo muy debatida
en la literatura, incluso desde años
tempranos. Quizá no se trate sólo de
si los padres hablan o no con sus
hijos, sino de qué lugar dan esos
hijos, en esa familia, a la palabra de
sus padres". De ahí que una de
las recomendaciones de los autores
recaiga sobre las espaldas de los
médicos: "Sería imprescindible
que en toda revisación clínica que
se realice en adolescentes se les
pregunte sobre su conformidad con el
peso".
De: Diario La
Nación
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