Nació en Mendoza en 1904.
Murió en Buenos Aires en 1992.
Florencio Escardó, el médico pediatra más importante que tuvo el país, nació en Mendoza en 1904. Quiso ser médico para imitar a su abuelo, un cirujano del ejército inglés que luchó contra Napoleón Bonaparte. Fue un gran escritor de obras médicas,
la mayoría dedicadas a las enfermedades infantiles y a la conformación familiar.
Se graduó en 1929, en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, donde comenzó a ejercer la docencia como ayudante y llegó a ser Titular de la Cátedra de Pediatría.
Cuando obtuvo la jefatura del Servicio de Pediatría de la Casa Cuna pudo concretar una idea que tenía desde sus tiempos de practicante: permitir que las madres se internasen con sus hijos, para paliar en los niños el dolor producido por la enfermedad.
Otras de sus iniciativas pueden mostrarnos su espíritu innovador: siendo vicerrector de la Universidad de Buenos Aires, transformó al Colegio Nacional de Buenos Aires en una institución de enseñanza mixta,
para entonces toda una novedad que fue muy resistida. Resistencias de parecida índole enfrentó cuando escribió y publicó un libro sobre sexología.
Su cátedra, su consultorio, libros sobre temas médicos o páginas de periódicos le sirvieron a este gran pediatra para predicar las concepciones de vanguardia que defendía sobre la humanización de la medicina. Jamás pudo entender cómo esta ciencia podía enseñarse en forma mecanizada, ni por qué la pediatría muchas veces parecía partir del supuesto de que los niños nacían solos, en un desierto, sin tener en cuenta su entorno.
Su prédica para mejorar la situación de los niños fue permanente, tanto en las salas del hospital como en la televisión, desde donde se convirtió en el consejero de millones de madres argentinas. Bajo la orientación de Escardó, aparecieron las primeras asistentes sociales y pediátricas en un hospital argentino.
"Era hiperkinético, sagaz, inteligente y también un hombre individualista", recuerda el pediatra y actual legislador
Lorenzo Borocotó, que compartió con Escardó horas de hospital. "En su sala, la 17, ordenó sacar todos los números de las camas para poner, en cambio, el nombre de cada paciente, que ya no era un número sino Ricardito, Mónica o como se llamara", agrega.
La vida académica no anuló su vocación de
escritor, periodista, poeta, humorista
y guionista de cine (es autor del guión de la película "La cuna vacía", que en 1949 protagonizó Angel Magaña).
Con los seudónimos Piolín de Macramé y Juan de Garay, escribió columnas en distintos periódicos, desde donde se expresó
con prosa irónica y fina sobre muy diversos temas, desde médicos o farmacológicos hasta filosóficos y de vida cotidiana.
Tenía 88 años muy bien llevados cuando murió en 1992.
Antes había sido nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos
Aires.
Fuente: www.educ.ar. |