Inteligente, ¿se nace o se hace?
El potencial intelectual se estimula y desarrolla. Se usa o se pierde...
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Aunque muchos sigan pensando que la inteligencia es una especie de don con el que unos nacen y otros no, lo cierto es que se trata de una capacidad que alcanza la medida exacta del estímulo que recibe. Así, habrá quienes dejarán gran parte de su potencial intelectual desperdiciado por falta de uso, en tanto otros lo aprovecharán al máximo.

 

 Inteligencia es la capacidad humana de razonar, comprender, aprender, resolver problemas y elegir, entre distintas opciones, la más conveniente para el propio bienestar y el de la comunidad en que se vive. Es, además, reconocer errores, interesarse por el ambiente en que se vive, pensar antes de hacer o decir, sensibilizarse frente a la necesidad del otro y actuar en consecuencia.


Es verdad que hay un límite: el que marca la salud física del cerebro, sin dudas uno de los aspectos más preocupantes. ¿Por qué? Porque un cerebro sano necesita para su crecimiento y desarrollo óptimos, tanto de una alimentación equilibrada como de un ambiente favorable. (Y, por ejemplo, un bebé que nace con bajo peso cuenta con mayor riesgo de tener un coeficiente intelectual reducido).

Pero, por otra parte, el entorno afectivo también es importante, ya que el estímulo que el niño reciba de sus padres y de su núcleo más cercano determina si como futuro adulto buscará soluciones creativas que lo acerquen a sus metas, indagará, preguntará o se limitará a aceptar lo dado sin buscar superaciones personales. Tan importante es ese ambiente favorable que numerosos estudios revelaron que al ser bien estimulados y recibir mucha atención, contención y afecto, los bebés prematuros pueden desarrollar la misma  inteligencia que sus pares nacidos en el tiempo previsto.

Más allá de esto, está el ejercicio mental. Es decir, el uso continuo de la capacidad de pensar, de razonar, de poner en práctica alternativas positivas y saludables. Y para lograrlo es fundamental entrenar al cerebro en el aprendizaje de cosas nuevas, leer, escuchar música, hacer crucigramas, descansar, interesarse por cumplir metas, mantener el intelecto en forma, sin importar la edad (muchísimas investigaciones han comprobado que la memoria y la capacidad intelectual pueden mantenerse intactas si se las ejercita).

Esto amerita, por un lado, procurar que todos los seres humanos tengan una alimentación saludable y un entorno que priorice su desarrollo y educación (cosa que aún dista mucho de ser igualitaria para todos los niños). Por el otro, aceptar que cada uno puede elegir cuán inteligente quiere ser, porque los límites simplemente son barreras personales que demuestran que ante las dificultades es más cómodo darse por vencido que volver a intentarlo. La edad es una excusa. El tiempo es una excusa. La inteligencia, recuérdelo, tendrá la medida justa de su esfuerzo.

 

Use su intelecto... o piérdalo

  • Acostúmbrese al hábito de pensar. La mayoría de las personas reaccionan automáticamente, por costumbre, sin pensar cuáles pueden ser las consecuencias de sus acciones. Si es su caso, cuando hable o piense acerca de un asunto, estime todos sus
    aspectos hasta llegar a una conclusión. No salte a otro tema si no ha terminado con el anterior. Suelen vivir mejor quienes tienen el hábito de pensar, y, como todo hábito, éste también se internaliza por medio de la repetición.
  • Delinee sus objetivos. Seguramente el objetivo máximo de la especie humana es vivir, pero... ¿da lo mismo vivir de cualquier  forma? Claro que no. Hay metas personales, deseos, sueños, proyectos. Cada día dedique el tiempo que pueda a chequear su objetivo íntimo. Si lo tiene claro podrá encauzar su energía a alcanzar lo que se proponga. De lo contrario simplemente estará sobreviviendo.
  • Establezca un plan. Piense alternativas para llegar a su meta, pequeños pasos que lo acerquen al éxito. Sepa que deberá enfrentar barreras propias y ajenas; piense en un plan B para sortearlas.
  • Actúe, observe los resultados y archive experiencias. Tener un buen plan y actuar no es sinónimo de alcanzar el éxito. Por eso, póngase en marcha y evalúe a cada paso los resultados, que conforman la experiencia y aumentan el aprendizaje.

 

Pasos para pensar mejor

  • Tener un objetivo.
  • Evaluar la situación.
  • Hacer varios planes.
  • Seleccionar la mejor opción.
  • Actuar.
  • Observar los resultados.
  • Registrar las experiencias.

 


Dr. Alberto Cormillot

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