
Hace unos meses festejé mis 69 años. ¿Pocos, muchos? Como en un juego de naipes, al final, lo que cuenta es cómo se juega con lo que nos ha tocado: lo que cuenta es cómo se vive.
Le cuento las cartas que me tocaron. Un abuelo mío murió a mi edad de su tercer derrame cerebral. En aquel entonces nada se sabía de la sal. Mi otro abuelo murió de cáncer de pulmón. Cuando comenzó a fumar aún no se conocía la relación del cigarrillo con el cáncer. Mi madre falleció con su cuerpo muy atacado por la hipertensión, que comenzó cuando aún no se trataba como en la actualidad. Los dos hermanos de mi padre murieron hace muchos años. No hicieron caso a la diabetes ni a la hipertensión.
Yo, en cambio, pasé mi cumpleaños número 69 junto a muchos de mis seres queridos. Fue una oportunidad para recorrer la historia familiar y la mía personal. Mi padre ya no estaba, pero había vivido hasta los 95 gracias a que recibió a tiempo los mensajes sobre el cigarrillo, la sal, la obesidad, la presión. Trabajó hasta su último día, estaba lúcido, activo, con novia y con proyectos, a pesar de tener una carga genética negativa. Él jugó bien sus cartas.
¿Por qué? Porque como yo le decía en broma, "se hizo bueno de grande", empezó a cuidarse sin pensar "¿para qué, si ya es demasiado tarde?". En la vida hay cartas que nos tocan, pero depende de cada uno el modo de jugarlas. A favor o en contra.
La edad no tiene nada que ver con la maravillosa oportunidad de cambiar.
A cualquier edad se está a tiempo de mejorar el cuerpo, la mente y el espíritu. Usted, por ejemplo, puede usar el tiempo que empieza ahora -ya, en este momento- para estrenar ese proyecto que lo ayude a aprovechar al máximo su juego. No importa si tiene 30, 40, 50, 60, 70 ó más años. Puede comenzar inmediatamente, aunque sea miércoles o viernes. O puede proponérselo para el lunes. ¿Qué le parece? Y así darle un nuevo sentido a la conocida frase "el lunes empiezo". Para dejar de fumar, empezar a cuidarse en la alimentación, hacerse los chequeos de rutina, caminar o disfrutar de sus seres queridos.
Yo hice mi juego y voy por más. Mi padre jugó hasta los 95 gracias a los cambios que hizo. ¿Qué hará usted con sus cartas?