Un nuevo sitio te esta esperando

InicioContactoRegistraciónInstitucional
CV
Hágale su consulta al Dr. Cormillot
  ADELGAZAR HOY
  NUTRICIÓN
  ALIMENTOS
  ACTIVIDAD FÍSICA
  PLANES
  ALIMENTARIOS
  COCINA
  CONSEJOS del
  Dr. CORMILLOT
  DIABETES
  DESÓRDENES
  ALIMENTARIOS
  LEY DE OBESIDAD
  CIRUGÍA de la
  OBESIDAD
  CIRUGÍA estética
  y belleza
  MEDICAMENTOS
  para adelgazar
  y otros
  ADICCIONES
  SALUD y
  ENFERMEDADES
  EDADES y ETAPAS
  de la VIDA
  MEDITACIÓN
  SEXUALIDAD
  AUTOAYUDA
  TESTS
  VIDA COTIDIANA
  DISCRIMINACION
  LINKS de INTERES


IAANAlcoVisite el nuevo sitio DietaClub.comClínicaCinasVisite el nuevo sitio de Alimentos Cormillot
MEDICAMENTOS
Diabetes e hipoglucemia: prevenir, detectar y controlar el “bajón”

¨A mí me parece que la insulina no me hace bien¨, le dijo Elena a su médica diabetóloga sin ocultar su preocupación. ¨Con las pastillas jamás me había sucedido algo así, tuve que tomarme una lata entera de gaseosa para que se me pasara ese mareo espantoso¨. Claro, cuando el control de su glucemia, realizado con su aparato en el consultorio, mostró más de 300, la cara de preocupación se transformó en terror. ¿Que había sucedido? ¨Es verdad, se me hacía tarde para el almuerzo, pero pensé que podía aguantar un rato más...¨

Elena tiene 46 años. De padres diabéticos y tendencia al sobrepeso, logró normalizarlo dos años después de su debut en la diabetes. El tratamiento inicial consistió en un programa de alimentación, actividad física y pastillas. Hace unos meses la glucemia comenzó a trepar inexplicablemente. Se ajustó la dieta, la actividad física, y la dosis de pastillas se aumentó al máximo. Nada. Al parecer, el páncreas endocrino, ese sutil mecanismo de relojería que equilibra los niveles de azúcar en sangre a través de su mensajera, la insulina, se había dado por vencido y no había batería de pastillas que alcanzara. La médica le explicó entonces a una compungida Elena que era necesario apelar a la insulina ¨externa¨, no porque hubiera hecho nada mal, o su diabetes anduviera peor, sino porque era la única medicación que se podía aumentar a voluntad para controlar su glucemia.

Pasar de pastillas a insulina es complejo. Quizá lo más difícil sea convencerse de que la gravedad de la diabetes no pasa por el tipo de medicación, sino porque la glucemia se mantenga en los mejores valores posibles la mayor parte del tiempo. Esto a veces tiene como costo el llamado ¨bajón¨ (hipoglucemia).

El preámbulo

Cuando se inyecta insulina desde afuera, hay que respetar sus horarios. Una vez inyectada, la insulina trabaja sola, aunque hayamos cambiado de idea respecto del horario del almuerzo o nuestro apetito haya variado.

Para ¨domesticar¨ a la insulina lo importante es la sincronía, es decir, decidir una dosis de insulina y horarios de aplicación en función de las comidas que se planea hacer y la actividad física que se presume se va a desarrollar. Tarea por cierto nada sencilla.

¿Qué sucede entonces si la cola en el banco me agarró justo al mediodía, o la clase de gimnasia fue más intensa que lo planeado, o si se me fueron las ganas de comer, o si...? Incontables variantes que no siempre se pueden prever.

La hipoglucemia en general nos avisa, podemos transpirar, temblar, marearnos, sentirnos flojos, o de pésimo humor... o con un hambre espantosa, o un hormigueo alrededor de los labios, puede nublarse la vista... cada cual tendrá que observarse, los síntomas no siempre obedecen a reglas fijas. ¿Se puede transpirar por calor, o temblar por otra cosa? Desde luego, la certeza de una hipoglucemia la dará el control con la tirita reactiva, pero si no se puede realizar un control, o ante la duda, mejor actuar como si se tratara de un verdadero ¨bajón¨. Si intentamos aguantar podemos terminar en el piso, y lo que es peor, nuestros síntomas pueden confundirse con una crisis epiléptica, o una borrachera.

Manos a la obra

El tratamiento inmediato es sencillo: cualquier alimento con azúcares rápidos (sacarosa o azúcar de mesa). Cantidad sugerida: de 15 a 20 gramos de azúcar (3 ó 4 sobrecitos, 3 ó 4 caramelos, o un vaso de jugo o gaseosa no diet).

Luego conviene comer una pequeña ración que combine proteínas con hidratos de carbono lentos (por ejemplo, un par de galletitas con queso).

Si enseguida nos toca comer, esto último no es necesario. Conviene ver qué es más cómodo para cada uno y tener exactamente eso siempre a mano.

No menos importante es tomarse el tiempo para recuperarse (¡por lo menos 10 minutos!). Aunque la comida vaya haciendo efecto, es frecuente que uno todavía no se sienta 10 puntos. El temor a descomponerse y la sensación de malestar puede llevar a comer más de lo necesario (la lata entera de gaseosa de Elena!). El ¨bajón¨ seguramente pasará, pero la glucemia va a ¨trepar¨ a niveles indeseables.

Hagamos la salvedad de que a veces el organismo reacciona contra la hipoglucemia -se defiende- segregando sus propias hormonas que subirán el azúcar, y produciéndose la ¨hiperglucemia de rebote¨. Esto sucederá menos si se tratan los síntomas rápidamente, y sin duda no podemos ¨descansar¨ en este mecanismo para tratar una ¨hipo¨.

Trabajo de detectives

¿Qué produce un bajón? Básicamente estas causas:

· comida que se posterga o saltea.

· cambio en los horarios de las comidas.

· comidas menos abundantes que lo planeado.

· ejercicio más prolongado o intenso que el habitual (o el colectivo que corrimos más de la cuenta, o la mañana de microcentro más movida que de costumbre).

· cambio en los horarios de la medicación.

· más medicación que de costumbre.
imponderables...

Es importante aclarar que no sólo la insulinasino también las pastillas hipoglucemiantes (sulfonilureas) pueden provocar hipoglucemia, por los mismos motivos que los antes enumerados.

Que esto suceda con menos frecuencia suele obedecer al popular y generalizado concepto de que la diabetes que se controla con pastillas es menos seria que la que necesita insulina. En consecuencia, las personas en esta situación están menos informadas respecto del tratamiento, tienden a minimizar la severidad de la condición, y los valores de glucemia suelen estar bastante por arriba de los que pueden provocar el antipático ¨bajón¨. A la corta o a la larga, la glucemia elevada en forma permanente tiene un costo alto: cansancio, bajo rendimiento, mayor frecuencia y gravedad de complicaciones crónicas (la circulación, la vista, el riñón y el sistema nervioso).

Estar muy cerca de los valores normales de glucemia requiere tomar precauciones, es más fácil ¨irse del otro lado de la raya¨ (hipoglucemia) cuando la glucemia está ¨muy normal¨ que cuando está crónicamente por las nubes. El control más cuidadoso de la glucemia suele tener como costo ligeras hipoglucemias, que se resuelven con conocimiento y entrenamiento. Los beneficios, a corto y a largo plazo, bien valen la pena:

· mejor rendimiento psicofísico aquí y ahora.

· disminución sensible de las complicaciones crónicas.

· mejor CALIDAD DE VIDA.

<<Regresar al menú de Medicamentos>>