¨A mí me parece que la
insulina no me hace bien¨, le
dijo Elena a su médica diabetóloga
sin ocultar su preocupación.
¨Con las pastillas jamás
me había sucedido algo así,
tuve que tomarme una lata entera de
gaseosa para que se me pasara ese
mareo espantoso¨. Claro, cuando
el control de su glucemia, realizado
con su aparato en el consultorio,
mostró más de 300, la
cara de preocupación se transformó
en terror. ¿Que había
sucedido? ¨Es verdad, se me hacía
tarde para el almuerzo, pero pensé
que podía aguantar un rato
más...¨
Elena tiene 46 años. De padres
diabéticos y tendencia al sobrepeso,
logró normalizarlo dos años
después de su debut en la diabetes.
El tratamiento inicial consistió
en un programa de alimentación,
actividad física y pastillas.
Hace unos meses la glucemia comenzó
a trepar inexplicablemente. Se ajustó
la dieta, la actividad física,
y la dosis de pastillas se aumentó
al máximo. Nada. Al parecer,
el páncreas endocrino, ese
sutil mecanismo de relojería
que equilibra los niveles de azúcar
en sangre a través de su mensajera,
la insulina, se había dado
por vencido y no había batería
de pastillas que alcanzara. La médica
le explicó entonces a una compungida
Elena que era necesario apelar a la
insulina ¨externa¨, no porque
hubiera hecho nada mal, o su diabetes
anduviera peor, sino porque era la
única medicación que
se podía aumentar a voluntad
para controlar su glucemia.
Pasar de pastillas a insulina es
complejo. Quizá lo más
difícil sea convencerse de
que la gravedad de la diabetes no
pasa por el tipo de medicación,
sino porque la glucemia se mantenga
en los mejores valores posibles la
mayor parte del tiempo. Esto a veces
tiene como costo el llamado ¨bajón¨
(hipoglucemia).
El preámbulo
Cuando se inyecta insulina desde afuera,
hay que respetar sus horarios. Una
vez inyectada, la insulina trabaja
sola, aunque hayamos cambiado de idea
respecto del horario del almuerzo
o nuestro apetito haya variado.
Para ¨domesticar¨ a la insulina
lo importante es la sincronía,
es decir, decidir una dosis de insulina
y horarios de aplicación en
función de las comidas que
se planea hacer y la actividad física
que se presume se va a desarrollar.
Tarea por cierto nada sencilla.
¿Qué sucede entonces
si la cola en el banco me agarró
justo al mediodía, o la clase
de gimnasia fue más intensa
que lo planeado, o si se me fueron
las ganas de comer, o si...? Incontables
variantes que no siempre se pueden
prever.
La hipoglucemia en general nos avisa,
podemos transpirar, temblar, marearnos,
sentirnos flojos, o de pésimo
humor... o con un hambre espantosa,
o un hormigueo alrededor de los labios,
puede nublarse la vista... cada cual
tendrá que observarse, los
síntomas no siempre obedecen
a reglas fijas. ¿Se puede transpirar
por calor, o temblar por otra cosa?
Desde luego, la certeza de una hipoglucemia
la dará el control con la tirita
reactiva, pero si no se puede realizar
un control, o ante la duda, mejor
actuar como si se tratara de un verdadero
¨bajón¨. Si intentamos
aguantar podemos terminar en el piso,
y lo que es peor, nuestros síntomas
pueden confundirse con una crisis
epiléptica, o una borrachera.
Manos
a la obra
El tratamiento inmediato es sencillo:
cualquier alimento con azúcares
rápidos (sacarosa o azúcar
de mesa). Cantidad sugerida: de 15
a 20 gramos de azúcar (3 ó
4 sobrecitos, 3 ó 4 caramelos,
o un vaso de jugo o gaseosa no diet).
Luego conviene comer una pequeña
ración que combine proteínas
con hidratos de carbono lentos (por
ejemplo, un par de galletitas con
queso).
Si enseguida nos toca comer, esto
último no es necesario. Conviene
ver qué es más cómodo
para cada uno y tener exactamente
eso siempre a mano.
No menos importante es tomarse el
tiempo para recuperarse (¡por
lo menos 10 minutos!). Aunque la comida
vaya haciendo efecto, es frecuente
que uno todavía no se sienta
10 puntos. El temor a descomponerse
y la sensación de malestar
puede llevar a comer más de
lo necesario (la lata entera de gaseosa
de Elena!). El ¨bajón¨
seguramente pasará, pero la
glucemia va a ¨trepar¨ a niveles
indeseables.
Hagamos la salvedad de que a veces
el organismo reacciona contra la hipoglucemia
-se defiende- segregando sus propias
hormonas que subirán el azúcar,
y produciéndose la ¨hiperglucemia
de rebote¨. Esto sucederá
menos si se tratan los síntomas
rápidamente, y sin duda no
podemos ¨descansar¨ en este
mecanismo para tratar una ¨hipo¨.
Trabajo
de detectives
¿Qué produce un bajón?
Básicamente estas causas:
· comida que se posterga o
saltea.
· cambio en los horarios de
las comidas.
· comidas menos abundantes
que lo planeado.
· ejercicio más prolongado
o intenso que el habitual (o el colectivo
que corrimos más de la cuenta,
o la mañana de microcentro
más movida que de costumbre).
· cambio en los horarios de
la medicación.
· más medicación
que de costumbre.
imponderables...
Es importante aclarar que no sólo
la insulinasino también las
pastillas hipoglucemiantes (sulfonilureas)
pueden provocar hipoglucemia, por
los mismos motivos que los antes enumerados.
Que esto suceda con menos frecuencia
suele obedecer al popular y generalizado
concepto de que la diabetes que se
controla con pastillas es menos seria
que la que necesita insulina. En consecuencia,
las personas en esta situación
están menos informadas respecto
del tratamiento, tienden a minimizar
la severidad de la condición,
y los valores de glucemia suelen estar
bastante por arriba de los que pueden
provocar el antipático ¨bajón¨.
A la corta o a la larga, la glucemia
elevada en forma permanente tiene
un costo alto: cansancio, bajo rendimiento,
mayor frecuencia y gravedad de complicaciones
crónicas (la circulación,
la vista, el riñón y
el sistema nervioso).
Estar muy cerca de los valores normales
de glucemia requiere tomar precauciones,
es más fácil ¨irse
del otro lado de la raya¨ (hipoglucemia)
cuando la glucemia está ¨muy
normal¨ que cuando está
crónicamente por las nubes.
El control más cuidadoso de
la glucemia suele tener como costo
ligeras hipoglucemias, que se resuelven
con conocimiento y entrenamiento.
Los beneficios, a corto y a largo
plazo, bien valen la pena:
· mejor rendimiento psicofísico
aquí y ahora.
· disminución sensible
de las complicaciones crónicas.
· mejor CALIDAD DE VIDA.